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El peso de mis pasos: Reflexiones sobre la fe, los deseos y el equilibrio



Últimamente he estado enfrentando una lucha interna que, estoy seguro, no soy el único en experimentar. Es un choque constante entre los valores que aprendí en mi niñez, los deseos que me acompañan hoy, y la voz de mi conciencia que parece no quedarse callada.

Por un lado, están los preceptos que considero correctos, aquellos que me enseñaron sobre fe, disciplina y moral. Por otro, están las emociones, los impulsos, y ese atractivo que a veces tiene lo fácil, lo inmediato y lo "libre". Sin embargo, cada vez que doy un paso hacia algo que contradice esos principios, no tarda en llegar esa pesadumbre moral, como si mi conciencia tocara la puerta para recordarme quién soy o quién quiero ser.

He sentido que este peso se intensifica con la presión que yo mismo me pongo: trabajo excesivo, falta de descanso, e incluso viejos hábitos como el cigarrillo, que reaparecen en los momentos más difíciles. Y, aunque no me enorgullezco de ello, tampoco puedo ignorar las lecciones que vienen con estas recaídas.

En medio de todo esto, me pregunto: ¿estoy realmente avanzando o solo me engaño a mí mismo? ¿Es mi fe lo suficientemente fuerte para sostenerme, o se tambalea como pienso a veces? Lo cierto es que, aunque siento que he perdido terreno, hay algo en mi fe que me llama, que me corrige, que no me deja caer del todo.

Reflexionando sobre el proceso

Si algo he aprendido, es que la lucha interna no es sinónimo de fracaso. Más bien, es una señal de que aún me importa, de que aún quiero ser mejor. En este camino, he entendido algunas cosas que quisiera compartir contigo:

  1. Acepta tu humanidad

    No somos perfectos, y eso está bien. Tropezar no es el problema; no levantarse sí lo es. La conciencia no está para castigarte, sino para guiarte.

    "Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal." (Proverbios 24:16)

  2. El progreso no siempre es lineal

    Dar un paso adelante y dos atrás no significa que no avances. Cada retroceso enseña algo valioso sobre tus límites y tu capacidad de superar.

    "Y no nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos." (Gálatas 6:9)

  3. Encuentra equilibrio

    El agotamiento físico y mental afecta más de lo que creemos. Aprendí que cuidar mi cuerpo también es cuidar mi alma. Dormir, descansar y desconectarme del trabajo son formas de recargar mi fe y mi fuerza interior.

    "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." (Mateo 11:28)

  4. La fe es un proceso vivo

    Mi fe no es un destino, es un camino. A veces tambalea, pero sigue ahí, tocando mi conciencia, recordándome que puedo volver al buen rumbo, incluso cuando me desvío.

    "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad." (Filipenses 2:13)

  5. No estás solo

    Hablar con otros, compartir estas luchas, me ha mostrado que no soy el único en esta batalla. Hay más personas lidiando con la culpa, las recaídas, y el deseo de ser mejores.

    "Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho." (Santiago 5:16)

Si tú también sientes que estás en una batalla parecida, quiero que sepas que no estás solo. La lucha interna es una prueba de que estás vivo, de que estás creciendo. Permítete tropezar, pero también permítete avanzar, poco a poco, a tu propio ritmo.

Porque al final, lo importante no es la perfección, sino la perseverancia.


Ánimo bro 💪 verás que es difícil pero no imposible como un niño que aprende a caminar un paso a a la vez y si sientes que otros lo hacen mejor recuerda que así como los niños hay unos que aprenden a caminar a muy temprana edad y eso no garantiza que sean maratonistas como todo en la vida se trata de seguir y seguir hasta conseguirlo sin compararse ni aspirar lo que otra personas consiguen  

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