Reflexión Inspirada en Jesús
Introducción:
¿Alguna vez has sentido que lo que realmente deja huella en los demás no es cuánto sabes, sino cómo lo compartes?
Recientemente me di cuenta de algo curioso: ni mi amigo ni yo somos los más puntuales ni los más organizados, pero en nuestros trabajos nos valoran muchísimo. ¿La razón? No solo hacemos nuestras tareas, sino que compartimos lo que sabemos con humildad y aprendemos con gratitud. No somos expertos en todo, pero estamos abiertos a crecer juntos.
Al reflexionar sobre esto, pensé en Jesús. Él, siendo Dios, eligió aprender como hombre. No enseñó desde un pedestal, sino que creció en comunidad. Su vida nos deja una enseñanza clara: ser maestro no significa dejar de ser discípulo.
1. Enseñar es aprender dos veces
Jesús dijo: "El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor" (Mateo 20:26). No vino a recibir honores, sino a transformar vidas con amor y humildad.
- Ejemplo en la vida de Jesús: Enseñaba con parábolas (Mateo 13:34), usando historias simples para verdades profundas. Pero también aprendió. Creció en un hogar humilde, trabajó como carpintero (Marcos 6:3) y, al rodearse de pescadores, entendió su mundo (Mateo 4:19).
Reflexión: Cada vez que enseñamos, profundizamos nuestro propio aprendizaje. El conocimiento no es estático; se fortalece al compartirlo.
2. La humildad de aprender, incluso cuando se tiene autoridad
Aunque Jesús era Dios en la tierra, la Biblia dice que "crecía en sabiduría y estatura, y en el favor de Dios y de los hombres" (Lucas 2:52).
- Aprendió de José en el taller.
- Escuchó a los maestros en el templo con solo 12 años (Lucas 2:46-47).
- Se maravilló ante la fe del centurión (Mateo 8:10).
Si el Hijo de Dios no despreció aprender, ¿por qué a veces creemos que ya lo sabemos todo?
3. Enseñar con acciones, no solo con palabras
Jesús no se limitó a hablar de amor y servicio, los vivió. Lavó los pies de sus discípulos y les dijo: "Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes" (Juan 13:15).
- No enseñó desde la distancia, sino desde la cercanía.
- No impuso, inspiró.
- No pidió reconocimiento, sino transformación.
"Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús, quien… se rebajó voluntariamente" (Filipenses 2:5-7). Enseñar es un acto de generosidad, no de superioridad.
4. El círculo virtuoso: Quien enseña, nunca deja de crecer
Jesús envió a sus discípulos con una misión clara: "Hagan discípulos… enseñándoles" (Mateo 28:19-20). Pero también les recordó: "El discípulo no está por encima de su maestro, pero cuando se ha preparado bien, será como su maestro" (Lucas 6:40).
La enseñanza genuina no nos hace superiores, sino más conscientes de cuánto nos falta por aprender.
Conclusión
No somos perfectos. No siempre llegamos a tiempo ni hacemos todo de manera impecable. Pero hay algo que puede marcar la diferencia: compartir con humildad lo que sabemos y recibir con gratitud lo que otros nos enseñan.
Cuando vivimos este intercambio con sinceridad, reflejamos un destello de lo divino. Como Jesús, podemos ser maestros y aprendices al mismo tiempo, construyendo puentes en lugar de muros.
"El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre" (Proverbios 27:17).
¿Te animas a enseñar lo que sabes… y a recibir lo que otros tienen para darte?
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