"Decisiones".
Hoy quiero hablar contigo de algo que me ha perseguido más de una vez: la eterna duda entre lo fácil y lo correcto. Seguro te ha pasado. Estás ahí, frente a una decisión, y de repente te das cuenta de que el camino fácil te está llamando con esa voz seductora que promete rapidez, comodidad y, sobre todo, menos complicaciones. Pero, ¿es eso lo que realmente necesitas? ¿O es solo un atajo que te aleja de lo que realmente deberías hacer?
Vamos a ser honestos: no siempre lo difícil es lo correcto. A veces, lo fácil también puede ser la mejor opción. Pero ahí está el truco: diferenciar entre lo que es fácil por conveniencia y lo que es correcto por convicción.
Lo fácil: la tentación de la inmediatez
Lo fácil tiene un encanto irresistible. Es esa opción que no requiere mucho esfuerzo, que no te quita el sueño y que, en el corto plazo, parece solucionar todo. ¿Un ejemplo? Dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. O decir "sí" cuando en realidad quieres decir "no", solo para evitar un conflicto. Lo fácil nos da una sensación momentánea de alivio, pero a menudo viene con una factura emocional que pagamos más tarde.
El problema con lo fácil es que, muchas veces, es una solución temporal. Es como poner una curita en una herida que necesita puntos. Puede que por un momento te sientas mejor, pero la herida sigue ahí, esperando a que le des la atención que realmente necesita.
Lo correcto: el camino que duele pero sana
Ahora hablemos de lo correcto. Lo correcto no siempre es lo más popular, ni lo más rápido, ni lo que te hará quedar bien con todo el mundo. De hecho, a veces duele. Duele decir "no" cuando todos esperan un "sí". Duele enfrentar esa conversación incómoda que has estado evitando. Duele levantarte temprano para hacer lo que sabes que debes hacer, en lugar de quedarte en la cama cinco minutos más.
Pero aquí está la magia: lo correcto tiene un poder transformador. Es como una inversión a largo plazo. Duele al principio, pero con el tiempo, te das cuenta de que fue la mejor decisión que pudiste tomar. Lo correcto te construye, te fortalece y, sobre todo, te deja en paz contigo mismo.
¿Cómo diferenciar entre lo fácil y lo correcto?
Entonces, ¿cómo saber cuándo elegir lo fácil y cuándo optar por lo correcto? Aquí te dejo tres preguntas que me hago a mí mismo cuando estoy en esa encrucijada:
1. ¿Estoy eligiendo esto por miedo o por convicción?
Si la respuesta es "por miedo" (miedo al fracaso, al rechazo, al conflicto), es probable que estés optando por lo fácil. Si es por convicción, aunque duela, es más probable que sea lo correcto.
2. ¿Cómo me sentiré mañana (o dentro de un año) si elijo esto?
Lo fácil suele darte una satisfacción inmediata, pero a largo plazo puede dejarte con un sabor amargo. Lo correcto, aunque duela al principio, te dará paz y orgullo con el tiempo.
3. ¿Estoy siendo fiel a mis valores?
Lo correcto casi siempre está alineado con lo que realmente crees y valoras. Lo fácil, en cambio, suele ser una desviación de eso.
"No se trata de sufrir, se trata de crecer "
Al final, no se trata de elegir siempre lo difícil solo por el hecho de que sea difícil. Se trata de ser honesto contigo mismo y preguntarte: ¿esto me está llevando hacia donde quiero ir, o solo me está alejando de lo que realmente importa?
La vida es una serie de decisiones, y cada una de ellas nos moldea. No te castigues por elegir lo fácil de vez en cuando, pero no dejes que se convierta en tu default. Porque, al final del día, lo correcto es lo que te permite mirarte al espejo y sentirte en paz con la persona que ves reflejada.
Y tú, ¿qué eliges hoy?
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