Consulta de un Lector
“Mi querido Isaac, He leído algunas de tus reflexiones y quiero saber qué opinas de mi caso. Estoy metiéndome en problemas y lo sé. Hay una chica en mi entorno que está con su pareja; sin embargo, permite que yo la acaricie, le hable e incluso hoy estuve a punto de besarla. Gracias al cielo, alguien nos interrumpió justo a tiempo, y me separé antes de que alguien nos viera. Al parecer, ella no se dio cuenta cuando llegó a nuestra sala, donde yo estaba saliendo con algunos materiales en mis manos. Dime, ¿qué piensas de esta situación?” — Anonimo.
Querido amigo,
Antes que nada, agradezco tu sinceridad al compartir tu situación. Reconocer que estás involucrado en un comportamiento que sabes que puede causarte problemas es el primer paso hacia la transformación personal. Todos enfrentamos momentos en los que la tentación se presenta de maneras sutiles, a veces disfrazada de complicidad o de una simple atracción momentánea. Sin embargo, es importante recordar que cada acción, por efímera que parezca, deja una huella profunda en nosotros y en quienes nos rodean.
Cuando nos dejamos llevar por la atracción hacia lo prohibido, como en el caso de acercarnos a alguien comprometido, estamos arriesgando no solo nuestra integridad, sino también el bienestar de las personas involucradas. La situación que describes —donde la cercanía física y el intercambio de gestos íntimos casi cruzan una línea irreparable— es un recordatorio de que a veces, lo que comienza como un juego o una mera interacción, puede transformarse en una cadena que ata nuestra integridad y confianza.
La sabiduría de la Biblia nos ofrece una metáfora poderosa para comprender esta realidad. En Proverbios 6:27 se nos pregunta: “¿Puede alguien tomar fuego en su seno sin que se quemen sus ropas?” Esta imagen nos invita a reflexionar sobre el peligro de involucrarnos en situaciones que, aunque parezcan inofensivas al inicio, pueden terminar quemando la confianza y el respeto que nos debemos a nosotros mismos y a los demás.
No obstante, quiero que sepas que aún hay esperanza. Dios no nos abandona cuando caemos en la tentación; al contrario, nos brinda la oportunidad de levantarnos, de reconocer nuestros errores y de redirigir nuestro camino. Tal como se nos aconseja en Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Resistir la tentación es un acto de valentía, un reconocimiento de que nuestros deseos, por más poderosos que sean, deben estar al servicio de nuestro bienestar y del respeto hacia los demás.
Te invito a que reflexiones sobre lo que realmente valoras en la vida: la integridad, el amor propio y el compromiso con quienes te rodean. Si sientes que has cruzado una línea que pone en riesgo la confianza y el bienestar de alguien más, es momento de detenerte y reenfocar tus acciones. No se trata de flagelarse con la culpa, sino de aprender, de reconocer la situación y de actuar para evitar que estos episodios se repitan.
Te animo a cortar de raíz las circunstancias que te llevan a comportamientos que luego lamentas. Protege tu corazón y tu esencia, y busca transformar esa pasión en una fuerza que te impulse a cultivar relaciones basadas en el respeto y en la honestidad.
Recuerda que la vida se mide por la nobleza de nuestros actos y por la capacidad de amar sin destruir, sino construyendo puentes de confianza y de integridad. Que cada día sea una nueva oportunidad para elegir lo correcto, incluso cuando lo incorrecto parezca tentador.
Con afecto y en solidaridad en este camino de crecimiento,
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