La idea de que “la sombra nunca está fija” nos ofrece una metáfora profunda sobre la naturaleza mutable de la existencia humana. Así como la sombra varía en forma y tamaño al cambiar la posición de la fuente de luz, el hombre también experimenta constantes transformaciones a lo largo de su vida, desde la niñez hasta la madurez. Esta reflexión se enriquece aún más al enfocarse en la vida cristiana, donde el camino espiritual está marcado por la búsqueda de la humildad y la superación de actitudes altivas. El Cambio Inherente al Ser Humano Desde la infancia, el ser humano se encuentra en un estado de constante evolución. En esos primeros años, la personalidad y el carácter se forjan a partir de múltiples influencias: la familia, la educación, la cultura y, por supuesto, las experiencias propias. Así como la sombra del niño se estira y se contrae con el transitar del sol, la identidad de la persona se va moldeando y redefiniendo a lo largo del tiempo. La inocencia y la pureza propias...
Mis reflexiones personales